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Aprender a llorar

2 de Diciembre de 2008
Publicado por Carmen Loureiro Rey

Aunque llegamos al mundo perfectamente preparados para pedir auxilio, en pocos años la llama se irá apagando. La tristeza, o su expresión, ha sido una de las emociones más castigadas o inhibidas a lo largo de la historia. Muchas son las razones que han llevado a ello. La más evidente es la relación que culturalmente se establece entre una expresión demasiado explícita de tristeza y la debilidad. Esta conexión ha sido, sobre todo para los varones, la base de una norma de comportamiento.

Mostrarse vulnerable es mostrarse débil, femenino, sin carácter, no preparado para la guerra, para enfrentar los conflictos o la vida. Las muestras de tristeza, o de depresión, quedaron fuera del modelo de masculinidad.

Pero el desarrollo de una sociedad con mayor igualdad entre hombres y mujeres, no ha cambiado demasiado el panorama. Por desgracia, también hoy para las mujeres, mostrar la tristeza no está de moda. Sentirse triste conlleva lentitud, reflexión e incluso una parada en el camino.

Las paradas y la reflexiones quedan fuera de un modelo individualista competitivo en un mundo capitalista. Pero todavía peor, expresar la tristeza conlleva molestar al prójimo. Consolar no es que esté muy de moda tan poco. A lo sumo, se consuela una tarde de domingo o dos, ya más…es de psicólogo.

Expresar y sentir la tristeza cumple, como todas las emociones, funciones psicológicas muy importantes. Comunicar “estoy sufriendo- consoladme- ayudadme”; lograr que las personas que son testigo de dicha manifestación se preocupen y ofrezcan consuelo; reanudar los vínculos; enriquecer la experiencia propia sobre el significado de la pérdida; permitir que la persona reconstituya sus recursos y conserve su energía; favorecer un conocimiento mejor de nosotros mismos y de las razones de nuestros fracasos; reducir la ira en los otros; evitar las situaciones que la provocan (cuidar las relaciones, del sistema establecido, etc).

Sentimos tristeza involuntariamente, irreprochablemente, cuando experimentamos una pérdida: la pérdida o rechazo de un ser querido, la pérdida de admiración o valoración por parte de alguien importante, la pérdida de estatus, la pérdida de la salud o de una parte del cuerpo o de una función corporal por accidente o enfermedad, la de un objeto muy preciado o entrañable, la de los bienes, la de los objetivos…Construir, perder y reconstruirse. Sin tristeza no hay vida. Que no se nos olvide llorar.

Foto: Hoja Viva

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4 Comentarios en Aprender a llorar:
#1 Mariluz enviado el 23 Marzo 2009 - 8:03 pm

Estoy de acuerdo hoy demostrar tristeza es molestar al prójimo, pero paradojicamente es más TRISTE que el prójimo conviva contigo y se moleste.
Me alegra saber que estoy viva, pero al instalarte en la tristeza a veces se te olvida llorar o bien lo haces interiormente y me da pena porque las lágrimas del Ave Fenix tenían propiedades curativas.

#2 Mamen enviado el 25 Marzo 2009 - 10:48 pm

Gracias Mariluz por tu reflexión. A menudo, por evitar el conflicto dejamos de expresar, o bien lo hacemos a destiempo o de un modo que a los demás les cuesta entender qué nos ocurre. El resultado es un lío emocional, donde las emociones dejan de ser una guía para convertirse en un obstáculo. Existen muchos factores que influyen en ese “lío”. Uno de ellos es: la culpabilidad. La culpa, que es muy útil cuando nos ayuda a reparar, puede ser un estorbo o tortura cuando se siente ante hechos ante los cuales no se tiene control o de los que no somos totalmente responsables. Cuando alguien cercano llora, puede hacernos sentir culpables, muy culpables, o al menos responsables de su pena. No es fáci para todos asumir esa responsabilidad. En otros casos, se trata de pura incompetencia: no sabemos qué hacer para que el otro se recupere, lo que nos lleva a una situación de indefensión. A nadie le gusta sentirse así, por tanto escapar de la tristeza es un modo de aliviar nuestra culpa, responsabilidad o impotencia ante el problema. En otros casos, la culpa se asocia a la propia desvaloración personal, “llora porque no le valgo, no le soy suficiente para hacerle feliz”. La pérdida de rol, de valor para el otro, provoca irónicamente la evitación de la situación. Y, por último, cabe señalar que ver llorar a un ser querido se hace muy doloroso e implica saber tolerar la aflicción suficiéntemente, saber empatizar sin juzgar, saber dar tiempo y “permiso” para llorar.
No sé si te sugiere algo estas ideas. En cualquier caso, te doy la razón en que la ausencia de empatía de los más cercanos cuando estamos tristes, nos sumerge en un vacío mayor. Pero paradójicamente, el permiso a sentirnos vulnerables, débiles, necesitados…y, a la vez, a responsabilizarnos de nuestras propias emociones, facilita que expresemos nuestra tristeza en los momentos más convenientes y del modo más adecuado. De ese modo, liberamos a los demás de la gran carga de la culpabilidad.

Gracias por tu opinión.

#3 Alejandro Martín enviado el 27 Abril 2009 - 3:01 pm

Mamen, como comentas, qué importante es no evitar la tristeza, ya que su contacto también nos permite conocernos más, ya que nos ayuda a relacionarnos con todo lo que valoramos. De la tristeza se debería aprender que si la enfrentamos, nos hace ser más conscientes de lo que somos, y de la fortaleza que tenemos (probablemente programada en nuestra especie) a la hora de superar obstáculos.
La realidad nos va demostrando que lo común es vivirla con miedo; van como de la mano, cosa que no suele pasar con otras emociones habitualmente; creo que es muy normal que quien siente tristeza, siente miedo; en parte porque, como comentabas, es mostrarse débil en relación a un contexto competitivo y en parte porque la tristeza es una emoción contraria a aquellas que nos han ayudado más a crecer; como la alegría y emociones similares en etapas relevantes de nuestra vida, concretamente en la infancia; gracias a sentirse querido, cuidado, arropado (y esto no se puede hacer con otra emoción que no sea la alegría), hemos podido ir desarrollándonos. Y aunque en épocas posteriores, como la adolescencia, era más fácil acercarse a la incomprensión, al” no sé de mi”, al “no se lo que quiero” (y esto se hacía más desde la base de la tristeza), necesitábamos igualmente una bocanada de aire que nos hiciera sentirnos bien, satisfechos, reconocidos, básicamente a través de la alegría y del cariño. Sentimientos que forman parte de nuestras necesidades básicas psicológicas.
Que la tristeza haga creernos más débiles, que vaya acompañada del miedo, que sea contraria a emociones que nos han ayudado a desarrollarnos, ,y que no se relacione con nuestras necesidades básicas psicológicas, pueden ser motivos por los que nos cueste tanto manejarla. Y no conectar con ella sea funcional para evitar todo lo anterior. Es más, que sea funcional para no relacionarnos con una imagen personal “dañada”. Quizá el que la tristeza nos invada tenga que ver con que hemos roto la coraza psicológica de preservar esa imagen “dañada” y por eso cueste tanto superarla.
Un abrazo

#4 maria alejandra enviado el 5 Octubre 2012 - 5:20 am

yo lloro muy facil cuando veo algo triste pero a veces lloro por nada
es normal o que

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