Jugar: una forma de relacionarse con la vida
3 de Diciembre de 2008José Linaza, catedrático de psicología evolutiva de la UAM, nos ofreció una interesante conferencia “El juego, una forma de relacionarse con la vida”, con motivo de la celebración del acto de fin de curso de la 16ª promoción del Master de Psicología Clínica y de la Salud de Nexo. Aunque lo habitual es asociar el interés del juego a la psicología educativa o a la clínica infantil, nosotros defendemos su aplicación a la intervención con adultos debido a las funciones psicológicas que implica.
Los estudios sobre la conducta de los animales demuestran que el juego proporciona medios de exploración y de ejercitación de conductas que posteriormente le servirán al adulto para adaptarse y sobrevivir en el medio. Los humanos no sólo jugamos más sino que lo hacemos durante más tiempo, también de adultos. Aprender, a la vez que se disfruta, es la gran clave.
Durante el juego, lo reforzante no es el resultado sino la misma ejecución. Puesto que la finalidad del juego está en la actividad misma que produce placer, el niño se ejercita con toda libertad, sin la responsabilidad o presión de alcanzar un fín, sin la tensión de ser juzgado.
Jugar relaja, hace reir, vincula social y afectivamente, desarrolla la cooperación y la comprensión de las normas, produce una concentración o flujo mental solo es posible cuando existe una perfecta relación entre actividad y control. El juego se relaciona con la creatividad, al permitir la exploración de variaciones sobre la realidad. El juego es un motor de estimulación, de curiosidad, de exploración, de placer y de resolución de conflictos, cuyo principal motivo -cuando se juega de verdad-, no es un resultado especial, sino hacer cosas juntos.
- Depresión (14-10-2008)
- Trastornos psicofisiológicos (14-10-2008)
- Prevención (14-10-2008)




Estoy seguro de que jugar sería una metodología muy util para que personas que padecen trastornos mentales graves pudieran acceder a intereses y/o metas personales que de otra manera no son capaces de identificar. Además. a través del juego se explora más y mejor la propia realidad, sin el “miedo a equivocarse” propio de los métodos serios y con el añadido de la diversión y de las posibilidades de ensayo y error que permiten la representación y el simbolismo. Sería una estupenda fuente de información para los profesionales que fueran capaces de jugar junto a sus pacientes.
Agradecería que algún compañero que sa haya atrevido a trabajar de esta manera con personas que padecen trastornos mentales graves me pudieran confirmar o rebatir estas impresiones o contar sus experiencias.