La relación entre los hábitos saludables y el estrés que padece una persona es interactiva; es decir, hábitos y estrés son factores relacionados con la salud física y psicológica que se afectan mutuamente: mantener un buen cuidado del cuerpo supone un gran recurso para controlar el estrés; sin embargo, en períodos prolongados de estrés, tendemos a cuidarnos menos:

– Se dedica poco tiempo a las conductas relacionadas con alimentarse bien; y. con frecuencia, se come poco y/o mal ó se cae en la sobreingesta, según las personas.

– Aumenta el consumo de tabaco, en fumadores; de cafeína, colas…; y, en algunos casos, de alcohol u otras sustancias.

– Se altera el sueño y disminuyen los tiempos de descanso.

– Se abandona el ejercicio físico.

– Se descuidan las relaciones sociales, etc.

Es decir, hacemos justo lo contrario de lo que convendría y todo esto aumenta el peligro que representa el estrés para nuestra salud física y psicológica.

Nuestra organización del tiempo parece estar dirigida a solucionar lo urgente, descuidando lo importante. De hecho, en general, en una situación de estrés tenemos la sensación de que no controlamos nuestra propia vida.

 

·        Salud y comportamiento:

 

Desde la noche de los tiempos, el comportamiento viene atravesando y sembrando el tejido de la vida cotidiana de la gente en un flujo ininterrumpido y ocupando el centro del proceso evolutivo de la especie..…es, en definitiva, el ingente esfuerzo instrumental por desarrollar el más amplio conjunto de habilidades y competencias apropiadas para la salud, el bienestar y la supervivencia”.

                                

 (Miguel Costa y Ernesto López: “Salud Comunitaria”)

 

Como dice la cita, el esfuerzo instrumental de los humanos ha estado dirigido durante miles de años a mejorar en competencias que nos permitieran controlar peligros y prosperar. La ciencia y la tecnología han favorecido unas comodidades inimaginables hace unos cientos de años y las ciencias biomédicas, en continua evolución, han logrado que los ciudadanos de las sociedades desarrolladas tengan una esperanza de vida muy por encima de la de siglos pasados.

Todo esto es nuestra herencia cultural y como especie, pero, ¿qué ocurre con nuestro comportamiento individual?.

Los hábitos, es decir, el estilo de vida y costumbres que mantiene una persona, pueden ayudarnos a prevenir enfermedades, o, por el contrario, pueden constituirse en un factor de riesgo para la salud. Su importancia es muy grande ya que el estilo de vida representa, según distintos estudios, más de un 40% como factor determinante de salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene esta definición hace ya bastantes años: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Esta definición de salud es sin duda ambiciosa y exige la colaboración de distintas ciencias básicas y sus métodos aplicados; es decir, las ciencias de la salud. Estas ciencias se ocupan de proporcionar los conocimientos adecuados para la prevención de enfermedades y la promoción de la salud y el bienestar, tanto de cada persona individualmente como de las distintas comunidades.

Dada esta definición, cae de su peso que la Psicología forma parte de las ciencias de la salud, en uno de sus aspectos aplicados.

La Psicología suele ir asociada a Psicología Clínica; es decir, al tratamiento de los problemas psicológicos, pero la Psicología es la Ciencia del Comportamiento y, por supuesto, puede aportar muchos conocimientos y técnicas de intervención tremendamente útiles relacionados con la salud.

Multitud de estudios de diferentes países apuntan a los mismos factores: la alimentación; la presencia/ausencia de hábitos tóxicos como el tabaquismo; el ejercicio físico; el sueño y el descanso; los estados emocionales positivos frente a los negativos (entre los que estaría el estrés prolongado) y la cantidad/calidad de nuestras relaciones sociales. Estos son los factores más importantes relacionados con nuestra salud y dependen, al menos en parte, de nuestro control.

Algunos estudios añaden a estos factores que hemos citado la importancia de mantener una motivación por algo que trascienda a uno mismo: actividades altruistas (cuidado de familiares u otras personas queridas, voluntariado…) y profesionales dirigidas a logros que suponen una gran gratificación o reto para la persona.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de los factores genéticos en la relación con la prevención ó peligro para la salud. pero los estudios más novedosos sobre Epigenética ponen de manifiesto la importancia del ambiente y del propio comportamiento en relación a la expresión de los genes que heredamos.

Leíamos hace poco en una entrevista a José María Ordovás, un referente de la nutrigenómica (rama de la medicina que estudia las relaciones entre la alimentación y la genética humana) afirmar:

“Nuestro estilo de vida ha despertado a genes callados durante miles de años”

Frente a al estrés, intentemos tomar las riendas, hasta donde sea posible, sobre nuestra salud y nuestra vida. Para lograrlo, recomendamos revisar los recursos que listamos a continuación e ir introduciendo mejoras, aunque sea poco a poco.

balanza

·        Recursos para recuperar el equilibrio:

  • Cultivar un estilo de vida saludable.
  • Gestionar nuestras emociones.
  • Enfrentar los problemas de la vida como algo a resolver ó a aceptar, según nuestro grado de control sobe ellos.
  • Cuidar la calidad de nuestras relaciones personales.
  • Gestionar nuestro tiempo y nuestra energía según nuestros valores.

leyendo en el parque

 

 

Costa, M. y López E. (1986). Salud comunitaria. Barcelona: Martínez Roca.

2 Comentarios

  1. […] Muchas veces queremos hacer las cosas rápidamente y de golpe pero resulta mucho más difícil. Los hábitos se establecen despacio y progresivamente. Esa es la mejor fórmula para que se queden con […]

  2. […] embargo, es uno de los hábitos saludables que descuidamos más, especialmente en nuestro país, que ha cobrado fama entre los expertos de ser […]

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