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Vida posible

6 de Marzo de 2013
Publicado por Irene de Arce Borda | 2 comentariosComentarios

“La vida que es ante todo lo que podemos ser, vida posible, es también y por lo mismo, decidir entre posibilidades lo que en efecto vamos a ser. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. La circunstancia-las posibilidades-es lo que de nuestra vida nos es dado e impuesto. Ello constituye lo que llamamos el mundo. La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse, desde luego, en un mundo determinado e incanjeable; en este de ahora. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Pero esta fatalidad vital no se parece a la mecánica. No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. …En vez de imponernos una trayectoria nos impone varias y, consecuentemente, nos fuerza… a elegir… vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en el mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión”. (José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas”, 1929).

Quisiera analizar este texto desde la mirada de un psicólogo clínico. El autor nos describe en unas breves e impecables líneas, lo que nosotros, en la aplicación profesional, llamamos análisis funcional de la conducta. Sí la frase: “Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida” la cambiamos por: -situación estimular y conducta, determinan la vida del individuo-; estamos hablando de lo mismo. Principio básico, de la ciencia de la conducta. La situación estimular nos viene dada, no es elegible, “…en un mundo determinado e incanjeable; en este de ahora”. La capacidad de reacción (“decisiones”), ante estas situaciones (“circunstancias o posibilidades”) nos permiten elegir entre distintas vidas, en esto consiste nuestra libertad (“…forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en el mundo”).

En la educación de cada individuo es conveniente aprender las habilidades suficiente para hacer elecciones, que es un continuo en todas las vidad (“ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión”). No aprender, a lidiar con esta realidad, puede acarrearnos muchas dificultades emocionales, impidiéndonos llevar una vida sana. Sintiéndonos incapaces de hacer buenas elecciones, por temor a ser responsables de las consecuencia, si nos equivocamos. O el extremo contrario, tomar demasidas decisiones alocadas, sin reparar en lo que venga después. En la práctica profesinal del psicólogo nos encontramos con personas que nos relatan sus dificultades en uno u otro polo. Es decir, tanto por tomar decisiones sin reflexión, como reflexionar en exceso. Ni una ni otra situación es acertada. Evaluar, analizar y proponer algunos cambios comportamentales puede evitar sufrimientos. Necesitamos tener modelos de los que aprender a tomar decisiones, necesitamos herramientas para saber que nos conviene y en base a qué.

Algunas formas irresponsables de resolver, consisten en: pedir constantemente, el acuerdo y/o consentimiento de otro; agarrarse ferreamente a unas normas preestablecidas, heredadas, sin reflexión: -toda actuación que mantenga la norma, es buena; todo lo que la contradiga, es malo-; buscar continuos argumentos sin atreverse a actuar, quedándose atrapados, bloqueados; jugárselo a los dados. Todas estas maneras de actuar, (”decidir“), nos impide sentir que somos dueños de nuestra vida (”vida posible“). En cambio, hay otra forma responsable, en la que basar nuestras decisiones, que nos acerca más a ese sentimiento grato de conducir nuestra existencia: analizar las ventajas e inconvenientes de mis circunstancias (”mis posibilidades de vida“), elegir una, ponerla a prueba, tener en cuenta que me puedo equivocar, y disfrutar y/o asumir las consecuencias.

Para concluir diré, que a mi parecer, cuantas más decisiones responsables tomamos, en nuestra vida posible, más conscientes somos de dirigirla. Y esto debe ser bueno.

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FELIZ AÑO

9 de Enero de 2013
Publicado por Esperanza López Marcos | 2 comentariosComentarios

Ya ha comenzado el nuevo año y todavía seguimos aquí, contra todo pronóstico de vaticinios y profecías mayas, a pesar de la maldita crisis, que nos oprime y merma, que nos hace esperar tiempos todavía más duros, continuamos vivos. Pero lo importante es que conservemos las ganas de mejorar, de mantener un poco de ilusión por las cosas cotidianas que hacemos, aunque sea pequeña, pero que nos permita seguir con ganas nuestras tareas, el trabajo, los amigos, la familia… que no permitamos que se conviertan en cargas pesadas de llevar, sino en motivos para crecer un poco más y aprender de los tiempos difíciles. Como en el anuncio de embutidos, donde el conocido payaso nos recuerda a todos que tenemos un estilo, una forma de enfrentar la vida que siempre nos ha parecido alegre y vital y que nos ha servido para sacar provecho de los problemas, nuestras habilidades, que siguen estando ahí a pesar de la crisis. No dejar que acaben con ella es tarea de cada uno de nosotros, es una gran meta a conseguir. Como dice Almudena Grandes en su estupendo artículo, la amargura nos hará débiles, ser felices es ser más fuertes.

En Nexo, estamos preocupados, como todos lo españoles, por la economía, por los proyectos que están por salir o por los que no salen. Pero también nos sigue preocupando continuar aprendiendo de nuestro oficio, nos interesa saber explicar cada vez mejor porqué las personas nos comportamos como lo hacemos para poder reducir y manejar mejor su sufrimiento, nos importa comprender los mecanismos que nos hacen más débiles o fuertes, más competentes o más ineficaces a la hora de enfrentartar y resolver los problemas. Es el gran reto, complejo pero precioso. Pienso que mientras sigamos teniendo estas metas podremos enfrentar lo que venga, porque mantenemos la ilusión de aprender, de mejorar y compartir, con nuestros alumnos y clientes, lo que modestamente conseguimos, con esfuerzo y trabajo, como todo el mundo, pero eso también nos hace más fuertes. Ellos nos obligan a ser mejores y a continuar con el compromiso que hemos adquirido de ilusionarnos con lo que hacemos.

Os dejo un regalo de uno de ellos, Carlos Moratilla, este vídeo resume muy bien nuestra filosofía.

¡FELIZ AÑO 2013 QUE SEAIS MUY FELICES!!!!!!!!!

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El Mindfulness y las técnicas de exposición

27 de Junio de 2012
Publicado por Esperanza López Marcos | 2 comentariosComentarios

Hacer mindfulness está de moda, tanto para las personas que sufren cualquiera de los trastornos de ansiedad propios de hoy día, como para los psicólogos que casi nos vemos empujados a aplicar las técnicas que tantas veces nos “venden”  las últimas tendencias en nuestra profesión (coaching, etc).

Los humanos nos definimos por la capacidad de reflexionar acerca de todo lo que vivimos, el pasado y el futuro. Nuestra mente está, casi la mitad del tiempo que permanecemos despiertos, divagando en temas que no son el momento presente. Estamos evolutivamente preparados para pensar en varios asuntos a la vez, saltamos de unos a otros dependiendo de la urgencia, presión, deseo o preocupación que nos lleve a esos pensamientos. Según este estudio parece que esa divagación predice mejor el bienestar que las actividades en que estamos involucrados, es decir, dependiendo de que lugares elija nuestro pensamiento estaremos más o menos satisfechos, parece que la actividad a la que más atención prestamos son las relaciones sexuales ( y no siempre…).

Si nos cuesta tanto centrar nuestra atención en la vida cotidiana, es fácil deducir que  sea todavía más complicado atender a nuestros sentimientos o emociones valoradas socialmente como indeseables, me refiero al miedo, la ira, la vergüenza, etc. que nos suponen, cuando menos, un sufrimiento que tendemos a evitar como sea. Es en este contexto donde veo la utilidad de la atención plena como técnica. El entrenamiento en meditación supone focalizar la atención en el estímulo elegido para concentrarnos, (generalmente la respiración) tantas veces como la mente se desvíe planificando, anticipando, recordando etc. y también ser conscientes de que tipo de pensamientos nos distraen. Esto supone una ayuda para identificar los pensamientos, emociones y sentimientos que nos alejan de la realidad y poder trabajar en ellos en la terapia.

El otro aspecto que me interesa es el de la aceptación de las emociones y sentimientos desagradables. Cuando se avanza en el entrenamiento en plena conciencia, se trabaja en aumentar la capacidad de resistir las emociones dolorosas, no escapando de ellas si no manteniéndolas el tiempo suficiente como para acostumbrarse a ellas y que pierdan parte del valor aversivo que tienen. Es, tal como yo lo veo, una variante de inundación que pone el peso en sentir miedo, cólera o dolor emocional sin pretender modificarlo, atendiendo a los cambios y modificaciones que se producen sin la intervención del terapeuta o de la persona que lo practica. Es una forma de producir habituación y, por lo que he leído, la ACT la utiliza como tal.

Por todo ello, creo que las técnicas de mindfulness pueden ser de gran utilidad como apoyo en la terapia, y como tal tenemos que utilizarlas. Pero también pienso que los psicólogos tenemos el deber de aclarar que son sólo eso (y no es poco), técnicas. No son terapias, ni modelos explicativos de los problemas, ni nuevas teorías etc. debemos divulgar nuestra ciencia ayudando a que la población distinga entre terapias basadas en el mindfulness ( o en la regresión, o en el reiki…) y las que tienen un sólido modelo explicativo y un cuerpo científico que las avala.

Para terminar, os dejo un regalito por si queréis comenzar con la práctica.

 

 

 

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¿NECESITAMOS LÍDERES?

27 de Julio de 2011
Publicado por Esperanza López Marcos | 1 comentarioComentarios

Los acontecimientos de los últimos meses- el movimiento 15 M, las elecciones municipales, las dimisiones recientes de políticos imputados, la matanza de Noruega-  me hacen reflexionar sobre la necesidad de tener líderes en nuestros días.

Para esta reflexión necesito, primero, analizar lo que significa liderazgo. Es la capacidad que tiene una persona de influir en  otras para que estas dirijan sus esfuerzos hacia un objetivo común. Es decir, la conducta de una persona debe ser capaz de modificar las de otras en la dirección que el líder desea.

Los últimos estudios sobre el tema, ponen de manifiesto que los nuevos modelos de liderazgo, se apoyan en “valores ideológicos y morales, contenidos simbólicos, mensajes visionarios e inspiradores, autoconciencia, sentimientos y emociones” (sic Gil y cols, 2011). Las principales teorías que desarrollan estos principios son las del liderazgo transformacional y carismático, que desde los años 80 han demostrado ser las formas de liderazgo que mayor satisfacción producen en los seguidores.

Este, se trata de un liderazgo moral, donde el líder estimula a su grupo para ir más allá de las expectativas de su tarea y favorece una conciencia grupal que supera los intereses personales para enfocarse en los intereses del colectivo, comprometiéndose así con el logro de una visión y misión compartida. Es una forma de altruismo, ya que va más allá de la visión de uno mismo para obtener un beneficio común.

Ahora me pregunto:

¿Tenemos en la actualidad lideres sociales de estas características?, si no es así, ¿Son necesarios los líderes morales en nuestro contexto social y global?.

Por mi experiencia, parece que en las empresas y organizaciones se tiende cada vez más a fomentar este tipo de dirección en la que se valora el capital humano como la mejor forma de optimizar los resultados empresariales.

Pero socialmente, creo que existe una carencia de personas que puedan estimular valores superiores a las necesidades individuales, que nos motiven a implicarnos para buscar soluciones creativas a nuestros problemas cotidianos.

Quizás el movimiento 15M, reivindica nuestra capacidad para tomar iniciativas y unirnos para mejorar  la sociedad, pero pienso que se necesitan personas que transmitan con ilusión y honestidad la confianza en que podemos hacer un mundo mejor, influyendo cada uno en su microespacio social.

Es posible que la era de los grandes líderes haya pasado, no importa, no necesitamos estrellas, ni grandes gurús, necesitamos personas como nosotros que  nos entusiasmen en un proyecto común.

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Conferencia-Debate en Nexo: “Comunicación en primates”

6 de Mayo de 2011
Publicado por Pilar Barbado Nieto | Sin comentariosComentarios

Estuvo con nosotros en Nexo Pablo Herreros, primatólogo, presidente de la Asociación Española para la Investigación y Divulgación de la Evolución Humana y la conducta animal, e investigador en el Parque de Cabárceno. Cantabria.

Pablo Herreros  enfocó su conferencia desde el punto de vista de que el estudio de las especies más cercanas al hombre filogenéticamente  puede ayudarnos a seguir la pista al origen de algunos de los comportamientos que consideramos más humanos, como por ejemplo,  el Lenguaje.

 Actualmente, ya sabemos que comunicarse no es sólo conducta humana.  Para todoss los organismos es interesante influir en la conducta de otros, y ésa es la principal función de la comunicación.

Pablo nos informó de un estudio de  principios de los años ochenta, realizado por Dorothy Cheney y Robert Seyfarth, en el que se proporcionaban pruebas empíricas sobre cómo un tipo de monos llevan a cabo diferentes llamadas  de alarma para avisarse unos a otros de la presencia cercana de depredadores, y de la vía por las  que éstos  se acercan:  por aire, tierra o a través de los árboles.  Estos sonidos ponen lógicamente en peligro al que los emite, de modo que en opinión de Pablo, es un comportamiento altruísta que tendría por objeto la protección del grupo. De hecho, está comprobado que esos sonidos no se producen cuando no hay congéneres a los que avisar.

Además, parece demostrado que entre primates que comparten hábitat, aprenden las señales de alarma unos de otros. Los monos diana, por ejemplo, se avisan  cuando hay seres humanos cerca.

Como sabemos, la comunicación está compuesta de vocalizaciones, pero también de gestos y posturas. Y  la discusión sobre el origen del lenguaje se divide entre los que creen que el origen  fueron los sonidos (las vocalizaciones) y los que piensan que  se encuentra en los gestos.

Entre los primeros, está Charles Darwin. Darwin creyó que el origen de la comunicación se encuentra en la expresión emocional: la vocalización procedería en primera instancia de la emoción; por ejemplo, un grito, ante la visión de un depredador, puede ser en principio una expresión de miedo por parte del emisor que a su vez sirve de señal al resto del grupo para indicar que hay un peligro. En el debate, algunos asistentes señalamos que desde el punto de vista psicológico, resulta una explicación muy fácil de aceptar. Con la repetición de la experiencia, por aprendizaje, los otros individuos del grupo habrían asociado la vocalización como señal (estímulo discriminativo, en lenguaje psicológico) de peligro y con el tiempo, se habría producido un desligamiento funcional: el emisor emitiría el grito con la intencionalidad de avisar al resto, no ya de expresar una emoción.

Sin embargo, el psicólogo Michael Tomasello defíende la hipótesis de que hay que buscar la aparición del lenguaje humano en la mímica. Tomasello basa su hípótesis en que en los grandes simios aparecen conductas de comunicación más complejas en el nivel  no verbal, algo que no ocurre con otros mamíferos que presentan repertorios de comunicación más ricos en vocalizaciones.

A continuación, Pablo nos llevó a una interesantísima reflexión, relacionando  la comunicación y el tipo de organización social en los primates. Lo ideal para que se den las condiciones que favorecen el desarrollo del lenguaje sería una organización jerárquica mas igualitaria, más ”democrática”. Este tipo de organización, en los primates, no indica ausencia de jerarquía, pero no es una jerarquía  estricta; de modo que los individuos que componen el grupo poseen capacidad para influir en los demás e incluso para derrocar con cierta facilidad al líder.  Por ejemplo, en algunos grupos hay un macho dominante, pero si no favorece la cooperación y la estabilidad del grupo, a través de su comportamiento, las hembras pueden reunirse contra él y expulsarle.

En un grupo social de estructura jerárquica muy estricta, sin embargo, donde el líder no necesita desarrolla comportamientos complejos para ser respetado y los individuos del grupo no poseen tanta capacidad   para influir en los demás ( y por lo tanto esta capacidad no se encuentra reforzada)  no sería tan funcional desarrollar recursos de comunicación.

Durante cientos de años, como sabemos, el estudio de la psicología humana desde un punto de vista naturalista fué postergado por las creencias sociales, que colocaban al hombre como amo del universo, muy por encima del resto de los animales que poblaban el planeta. La Teoría de la Evolución de Darwin situó al hombre de nuevo en su lugar de ser natural, al lado y en continuidad con las otras especies. Esto no sólo ocurre en el nivel biológico, también es así en el psicológico.

Conocer más sobre comportamiento animal es algo muy interesante para cualquiera, y desde luego, lo es para los psicólogos. Hay que recordar que Aristóteles, como precursor de la psicología científica, en su Tratado sobre el Alma, aborda el comportamiento humano desde una perspectiva absolutamente naturalista. 

 Una forma de conocer datos sobre las demás especies que nos acompañan en la Tierra, es visitar la  página de Pablo Herreros, que recomendamos:  www.somosprimates.com

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Diversidad, conflicto y liderazgo.

16 de Enero de 2011
Publicado por Francisco Cózar de Quintana | 5 comentariosComentarios

El conflicto es un fenómeno consustancial a las relaciones humanas. La amplia diversidad que existe entre las personas es el factor crítico que hace, de algún modo inevitable, que surjan diferencias cuando nos relacionamos, con el habitual componente emocional.

Al mismo tiempo, la diversidad humana es, curiosamente, el factor clave de la superioridad del equipo frente al individuo. Hoy quedan pocas dudas de que es precisamente la complementariedad y la cooperación entre las personas lo que hace al grupo más competitivo frente al individuo solo.

He aquí el gran reto de los directivos liderando a sus equipos: hacer posible que la diversidad genere creatividad, adaptabilidad ante los cambios, motivación,,,, Para lo cual, es imprescindible que el líder ofrezca a su equipo un modelo acertado en la gestión de las situaciones emocionalmente incómodas. No huye, no escapa de las emociones negativas cuando aparecen, escondiéndolas debajo de la alfombra hasta que, con el tiempo, la situación estalla.

El líder da por sentado que las personas somos distintas. Que nos mueven diferentes motivaciones, que diferimos en habilidades y conocimientos, que preferimos distintos modos de enfrentar los problemas. Estas diferencias pueden suponer una fuente de tensión, de emociones negativas entres las personas cuando trabajan juntas. Podríamos decir que el líder entiende y acepta a los individuos tal y como son, sin que por ello renuncie a influirles.

Sin duda este planteamiento es el acertado. Las emociones tienen una rezón de ser. Contempladas desde un puntos de vista evolutivo, como ya apuntó Darwin, su valor adaptativo es innegable. Las experiencias emocionales nos informan de como marchan las cosas, de si lo que sucede está en consonancia o no con nuestras motivaciones, con nuestras expectativas, con nuestro pasado, con lo que en definitiva es importante para la persona. Al mismo tiempo, cuando expresamos emociones, comunicamos a nuestros congéneres información fundamental para la convivencia. Es sin duda una torpeza ignorar una fuente de información tan crítica para el grupo, con independencia de si dicho grupo es del club social del pueblo, de un equipo de primera división o de una emprea multinacional.

En definitiva, el líder acepta de partida que el futuro del grupo no está en evitar los conflicto entre sus miembros, sino en el modo en que estos son gestionados. No experimenta frustración ante las situaciones emocionalmente incómodas entre los miembros de su equipo. Más bien se siente comprometido en ayudarles a aprender a enfrentarse a dichas situaciones. Si lo consigue, habrá dado un paso importante en que se convierta en lo que se ha dado en llamar Grupos Emocionalmete Inteligentes. Estos se caracterizan, entre otras cosas, por no esconder el conflicto interpersonal, por abordarlos de modo constructivo, generando normas para, en el futuro, resolverlos cada vez más eficazmente y que resulten el motor de nuevas ideas, la base de la innovación.

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La atención sostenida

7 de Noviembre de 2010
Publicado por Carmen Loureiro Rey | 3 comentariosComentarios

Autora: Verónica Cruz

Nuestra “mente de mono” como dicen los budistas, nos lleva de un sitio para otro, hace que no podamos permanecer concentrados en algo durante más de tres minutos y para colmo, ¡estamos biológicamente preparados para atender más tiempo a las emociones negativas…!

La entropía psíquica a la que tendemos continuamente puede ser contarrestada pero hay que invertir energía en ello. La atención sostenida es el remedio al caos de nuestra mente y un ingrediente básico para disfrutar de lo que estamos haciendo y conseguir entrar en flujo.

La atención sostenida alarga los momentos de experiencia sin valorarlos. el entrenamiento consiste en concentrarnos en un conjunto de estímulos (por ejemplo, sonidos del exterior) y mantenernos un tiempo en ese estado, sin hacer interpretaciones ni juicios sobre lo que estoy percibiendo. La mente está despierta, curiosa, neutra y tranquila durante el proceso. 

Este tipo de entrenamiento posee grandes beneficios, entre ellos, se produce una mayor activación en el córtex prefrontal izquierdo (zona que se activa cuando estamos felices) y baja la actividad de la amígdala, disminuyendo las emociones de enfado y miedo.

Pero además de la armonía psicológica y el equilibrio homeostático que produce un entrenamiento continuado, la atención plena nos hace más inteligentes.

No podemos obviar que nuestra visión del mundo es una interpretación de lo que vemos, sentimos y oímos.  Lamentablemente sólo vemos aquello que estamos preparados para ver, tenemos una visión sesgada de lo que nos rodea. Pero si alargamos el tiempo de percepción sin entrar en valoraciones ni juicios, estamos estirando el tiempo de percepción objetiva.

Permanecer en los momentos de silencio donde sólo percibimos, es un paso para poder llegar a ver el mundo como es y no como queremos que sea o creemos que es. Este entrenamiento probabiliza encontrar otras perspectivas, otros puntos de vista, una realidad más compleja y más bella, más profunda y más inquietante, la realidad que nos rodea y que estamos acostumbrados a pasar por alto. Cuando somos capaces de permanecer en la atención sostenida se produce como afirma el psiquiatra J. Deikman “una desautomatización de las estructuras psicológicas que limitan, organizan, seleccionan e interpretan los estímulos perceptuales que  llegan del exterior”. Esto permite una ganancia en intensidad y riqueza sensorial. También generaremos nuevas conexiones, ya que como asegura el neuropsicólogo Richard Davidson, cualquier cambio en nuestra conducta o en nuestra forma de pensar, provocará un cambio en la función del cerebro y a continuación, en su estructura.

¿Y ésto cómo afecta en la vida cotidiana? Si esta consciencia plena y desidentificada la aplicamos a nuestras relaciones, es posible que veamos a las personas más allá de nuestras propias limitaciones, más allá de nuestros defectos y nuestras virtudes, más allá, en definitiva, de lo que somos nosotros mismos.

“Vivimos bajo una cadena que selecciona y aisla un único aspecto de la realidad”

(Matthieu Ricard)

La atención sostenida, desnuda de valoraciones y prejuicios, nos entrena para vivir intensamente a través de los sentidos, para relacionarnos sin limitaciones, para sentir plenamente la vida en toda su dimensión.

 Autora: Verónica Cruz

 Bibliografía recomendada:

-         Ricard, M. (2009) El arte de la meditación. París: Urano

-         Rubia, F. (2003)  La conexión divina. La experiencia mística y la neurobiolología. Barcelona: Crítica

-         Segovia, S. (2004) Crecimiento personal: aportaciones de Oriente y Occidente. Cap. “Meditación y     Psicoterapia”.  Bilbao: Desclée de Brouwer

  

 

 

 

 

 

 

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…. y la sociedad de la rapidez

21 de Octubre de 2010
Publicado por Carmen Loureiro Rey | 3 comentariosComentarios

Autor: Alejandro Martín

Eficacia y rapidez son dos estilos de comportamiento muy relacionados en nuestra cultura occidental; estilos en el sentido de que organizan en parte nuestra forma de “vivir” en este mundo. De cómo organiza nuestra vida la eficacia ya hablé en un artículo anterior (”La sociedad de la eficacia”). Veamos cómo organiza la rapidez distintos contextos:

Por ejemplo, en algo tan básico como la alimentación. En pleno periodo de crisis, los establecimientos de comida rápida siguen estando llenos, no hay pérdida de clientela; se siguen abriendo más. Y no sólo eso, sino que además, nos alegramos de que los tengamos cerca de nuestros lugares de trabajo; y más aún, aunque no fuera necesario comer un día “con rapidez”, seguimos acudiendo a ellos.

¿Y con el ejercicio físico?. Lo que ahora vende más es tener un entrenador personal que nos ayude a tener un cuerpo magnífico en el menor tiempo posible.

En el mundo laboral ya no vale con tomar decisiones inteligentes, o con saber persuadir-influir-convencer; hay que seguir haciéndolo, pero además, hay que hacerlo en el menor tiempo posible.

Otro contexto: las grandes ciudades frente a los pequeños pueblos o las provincias; los que viven lejos de las grandes ciudades nos ven a los que vivimos en ellas como personas que vamos a todas partes con prisa, exigiéndola además a los que nos atienden en cualquier servicio.

Miradas de aprobación…. o de envidia, comentarios delestilo “eres increíble una máquina, te superas a ti mismo”, palmaditas en la espalda, son los claros indicadores de lo mucho que importa conseguir resultados y conseguirlos rápidamente; es algo que puntúa muy alto. Por tanto, una necesidad básica del ser humano, como es la de sentirse reconocido, va a quedar muy enganchada a un actuar con rapidez. Quizá esteenganche, explique en parte cómovamos conformando a nivel individual y social este estilo.

Con todo esto, me pregunto, ¿qué ocurre entonces cuando en cada uno de nosotros se presenta un problema de salud, cuando aparece alguna dolencia física o psicológica?. Que lo vamos a enfrentar con ese mismo estilo; no vamos a aguantar mucho tiempo esa dolencia física o psicológica. Y llegamos al profesional de la salud exigiéndole que nos quite cuanto antes una migraña; de la misma forma que le exigimos que nos quite una depresión. Pero aquí tenemos un gran problema; lo físico y lo psicológico pertenecen a niveles distintos, que pueden eso sí, entrar o no en interacción, pero eso es otro tema.

Y siendo niveles distintos, los pretendemos resolver dela misma manera; “deme algo que me quite esta migraña…. esta depresión”. La química delmedicamento es (o puede ser) más indicada para equilibrar un desajuste de nuestro organismo, de nuestra biología, pero no siempre (y casi nunca) sirve para equilibrar un desajuste psicológico, porque estenivel hace referencia a las relaciones funcionales que establecemos con nuestro entorno y con nosotros mismos a través de toda nuestra historia deaprendizaje e interacción; funcionalidad que no puede ser “equilibrada” de mejor forma que mediante una reconstrucción de nuestra historia, y/o denuestras interacciones. Y esto no puede ser llevado a cabo por los medicamentos. Por tanto, resolver una “dolencia psicológica” va a requerir de algo básico: TIEMPO.

Esto es algo que debería quedar claro en la relación psicólogo-paciente; debería ser parte integrante de un buen contexto terapéutico; la realidad es distinta; muchas “terapias” surgen para dar respuesta de forma rápida a los problemas de los pacientes; desde un conductismo mal entendido, pero altamente practicado, hasta el surgimiento de otras terapias que incluso ya se denominan “breves”; ¿hemos perdido el norte?. Creo que sí, si nos fijamos en cómo se valora la eficacia de muchos de los fármacos que salen al mercado, o de terapias existentes,  donde una variable de peso es la rapidez de resultados.

Tenemos un gran desafío los que seguimos teniendo presente ese dicho de”vísteme despacio que tengo prisa”. Un desafío laborioso por lo muy imbricada que se encuentra en nuestra cultura y por, como decía anteriormente, lo mucho que puntúa esto de la rapidez.

“Una de las grandes desventajas de la prisaes que lleva demasiado tiempo” (Gilbert Keith Chesterton)

Alejandro Martín

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La sociedad de la eficacia

16 de Octubre de 2010
Publicado por Carmen Loureiro Rey | Sin comentariosComentarios
Autor: Alejandro Martín

Esta afirmación no parece rebatible, cualquiera que la lea estará de acuerdo: Ser eficaz es un VALOR, una cualidad altamente demandada… y premiada. Existe una clara manifestación de exigencia en la eficacia, tenemos unos cuantos ejemplos: ¿Qué es eso de llegar a las 10 de la mañana a trabajar?… ¿Cómo es que te vas a las 6 de la tarde?… No entiendo cómo puedes estar en el sofá sin hacer nada… Vamos al “Fast food” de aquí al lado y así tardamos menos en comer… Ejemplos que denotan ir en contra de aspectos básicos  para el ser humano como el sueño, la alimentación y el descanso. Hay más ejemplos, dos actitudes claramente relacionadas:

Una de ellas es el “HACER-HACER-HACER”. Somos eficaces como jefes o como colaboradores, cuando hacemos mucho, cuando no dejamos de producir. Se nos mide sobre todo si somos o no eficaces, es decir por lo que logramos producir. Si a esto le sumamos el periodo de crisis en el que nos encontramos, cobra más valor aún. No importa tanto y, en algunos casos, incluso no importa nada, si en el camino hemos “pisoteado a alguien”.

La otra actitud relacionada es la de “ACTÚA, NO PIENSES”, que se nos dice a modo de norma cuando no nos encontramos bien, cuando estamos pasando por una mala racha. Es como si en el fondo se nos impidiera sentirnos mal. Los demás saben perfectamente que si nos permiten sentirnos mal vamos a rendir menos. Y eso, no puede ser. Si dejamos de producir se nos penaliza, al igual que se hace si paramos porque nos encontramos mal.

¿Por qué esta exigencia en ser eficaces? ¿Por qué no damos valor a la reflexión, al descanso, al poder estar en baja forma intelectual o emocional, al comer de forma nutritiva y tranquila? ¿Qué puede haber de fondo, que explique ésto?

Yo creo que lo que hay de fondo es el miedo a sentirnos vulnerables, y diría más, a ser vulnerables. Así vamos conformando unas reglas de juego donde esa vulnerabilidad se ve cortada de raiz, premiándonos por ser máquinas de producir. La vulnerabilidad se valora como algo muy negativo, asociado al error, a la catástrofe. Y qué curioso, en parte, hemos sobrevivido como especie precisamente por habernos equivocado mucho, por no haber sido eficaces en todo lo que hacíamos. Nuestra capacidad de aprendizaje hizo que del error, de la no eficacia, pudiéramos sobrevivir.

Además, sentirnos vulnerables nos ha permitido tomar más contacto con nosotros mismos, con todo nuestro potencial. Es desde ahí de donde han surgido mejoras, donde hemos innovado, donde hemos crecido. Es desde la vulnerabilidad cuando nos hacemos personas más autónomas, sabias, competentes, y nos definimos mejor como queremos ser; la “función identitaria” cobra relevancia ante la crisis. De nuevo, volvemos a ir en contra de algo inherente al ser humano, sentirnos con el derecho y permitirnos periodos de malestar, de crisis, de vulnerabilidad.

Los profesionales de la salud sabemos que esa obsesión por ser exigéntemente eficaces con todo lo que hacemos es una de las variables que más influyen de cara a desarrollar úlceras, migrañas, desequilibrios en el sueño, problemas cardiovasculares o intestinales, entre otros. Eso sí, uno no acude al profesional de la salud (psicólogo, psiquiatra, médico de cabecera) diciendo que tiene que ser eficaz, que tiene que rendir al máximo porque es lo que se espera de él, y lo que incluso espera de sí mismo, acude por los motivos nombrados anteriormente o porque ha llegado un momento en su vida en el que no sabe muy bien que le pasa, pero se encuentra bajo de tono, triste o deprimido. En muchos casos, esta lucha por rendir, por ser eficaces, está en la base de estos problemas.

LLevamos, la sociedad, empujando en la línea de la eficacia hace mucho tiempo. Pero hay quienes empiezan a empujar en otras direcciones, en el respeto al ser humano, en la promoción de hábitos saludables, en la conciliación vida personal-profesional, en la importancia de atender y cuidar lo emocional, en ir inculcando a los niños desde la escuela comportamientos basados en la cooperación y no en la competición, es decir en aspectos que entran en conflicto con la exigencia por la eficacia. Posiciones más equilibradas, más integradoras entre lo que el ser humano necesita como tal y lo que es importante de cara a seguir creciendo como sociedad y especie, algo que va, queramos o no, íntimamente relacionado.

Alejandro Martín

La “caida” emocional en la adolescencia (y en otras crisis)

8 de Octubre de 2010
Publicado por Carmen Loureiro Rey | 2 comentariosComentarios
Imagen de la película "Alicia en el País de las Maravillas" por Tim Burton

Alicia en el País de las Maravillas por Tim Burton

Toda época de cambio y transformación personal conlleva emociones más intensas en general, además de una mayor presencia de sentimientos desagradables. En estudios muy interesantes con adolescentes, en los que se sigue un método de muestreo que consiste en registrar sus emociones y experiencias en distintos e inesperados momentos del día, se ha demostrado que se sienten más del doble de veces que sus padres: acomplejados, avergonzados, torpes, solos, nerviosos e ignorados. 

Algunos expertos hablan de la “caida” emocional que se sufre durante el paso de la preadolescencia a la adolescencia, al haberse demostrado una disminución de los momentos “felices” en un 50% y en una proporción similar, una disminución del sentimiento de orgullo y de percepción de control. ¿Pero por qué?

 La caida emocional es el resultado de la evolución, de la transformación. Hay gran acuerdo en considerar que tanto los cambios tan espectaculares a nivel biológico como la confusión de identidad tienen que ver con esta “tormenta” emocional, pero si profundizamos un poco en la situación experiencial que atraviesa el adolescente podremos llegar a comprender mejor sus sentimientos.

 El preadolescente tiene una mayor capacidad para pensar sobre el propio pensamiento -metacognición-, lo que implica una gran ventaja respecto a la niñez, no sólo por permitirle resolver problemas más complejos sino también por tener mayor capacidad para relacionarse consigo mismo. Esta conciencia de sí mismo es una base ideal para saber de dónde parte, quién es, mejorarse y controlar voluntariamente su evolución pero es, a su vez, un arma de doble filo porque también tomará contacto con sus limitaciones: su aspecto y posibilidades de aceptación, su lugar en el grupo y popularidad, sus competencias y posibilidades de control, sus apoyos y probabilidades de evolución… Desde esta nueva perspectiva, deben tomar decisiones respecto al futuro por primera vez en su vida. Por eso dudan tanto, cambian de idea constantemente, prueban, ensayan. Les preocupa no ser capaces de alcanzar sus metas, decepcionar, no ser aceptados, no tener éxito. Son muchas las áreas de la identidad que están en juego, entre ellas la aceptación sexual y afectiva, y con los enamoramientos: sorpresa, euforia, excitación, angustia, decepción, tristeza, miedo…

Para colmo, esta mayor conciencia de sí mismo y del futuro todavía no está acompañada de la sabiduría de la experiencia y por ello, observaremos que tiende a hacer valoraciones absolutistas de los resultados: es el todo o nada,  tengo éxito o fracaso, no hay posibilidad intermedia. De ahí las graves preocupaciones que les acechan cuando los resultados no les favorecen. Los pequeños fallos pueden vivirlos como grandes fracasos. Los razonamientos todavía les ayudan poco porque el control emocional está en una fase de inmadurez, la parte del cerebro que se encarga de razonar, planificar y dirigir se está “conectando” todavía con un cerebro emocional hiperactivado.

Esta es la época de la vida en la que la autoestima está más variable, lo cual es muy normal porque las competencias y posibilidades de control como decíamos están en desarrollo aún. Por ello encontaremos con mucha frecuencia una autoestima baja, un sentimiento de inferioridad, de fracaso personal y rechazo hacia sí mismo en algunos momentos, generalmente como efecto de no haber obtenido buenos resultados en algún área importante (amistad, sexualidad, estudios… ). O también, una autoestima “falsa” o “fragil” que se caracteriza por mostrarse “hiperseguros”, altivos, autosuficientes, los mejores, pero reaccionando con agresividad ante una crítica o desplomándose ante un rechazo… Para luego volver a tener una visión de sí mismos más constructiva (una buena autoestima), más abiertos a reconocer sus carencias, motivados a mejorar y con confianza en sí  mismos para lograrlo.

Todas estas alteraciones emocionales suelen ir disminuyendo hacia el final de la adolescencia. Se ha encontrado que de los 18 a los 25 años disminuyen los sentimientos de desánimo o tristeza, y los de ira, correlacionando con un desarrollo de la identidad y de la autoestima más estable y positiva, en cuanto van percibiendo control y aceptación.

La cuestión es si nuestras respuestas, como padres, educadores y cómo sociedad, facilitan la identificación, comprensión, gestión y resolución de la caida emocional. La cuestión es si les brindamos recursos para hacer una lectura natural y correcta  de sus sentimientos, de modo que no se les devuelva una imagen de sí mismos de débiles, desequilibrados o trastornados. La cuestión es si empatizamos y les facilitamos contactar con la pérdida de sus niñez, con la angustia de un futuro exigente y desconcertante, con la verguenza de una mala imagen en un momento dado, con la frustración de no conseguir lo que buscan, etc. La pregunta es si les mostramos que cada sentimiento es como una luz que alumbra aquello que es importante en la vida o por el contrario, una sombra de la que hay que huir.

Naturalmente la vida es evolución constante y, por tanto, transformación de lo que somos. Sería extraño entonces no volver a experimentar durante la vida adulta una tormenta o caida emocional, una época de gran inseguridad en la que nuestra autoestima vuelve a ser inestable. Cada vez que necesitamos transformarnos, cambiar nuestro estilo de vida, el entorno en el que vivimos, el trabajo, las personas o nuestra manera de relacionarnos (de “ser”): los sentimientos volverán a avisarnos. La cuestión es si sabremos escucharlos, si exploraremos con la curiosidad de Alicia el camino que nos marcan o, por el contrario, recurriremos a la actividad compulsiva o a los fármacos de inmediato para mitigarlos, para que no estorben, para que todo siga igual.

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