La ansiedad puntual es una respuesta adaptativa que nos permite actuar respecto a las demandas que nos va planteando la vida.
El miedo también es una emoción útil, seleccionada por la evolución por su importancia protectora frente a los peligros. Lo mismo podemos decir de las preocupaciones diarias: pensar en lo que nos preocupa nos permite encontrar soluciones a los problemas.
Pero en ocasiones, la ansiedad, el miedo y la preocupación se convierten en algo demasiado intenso, duradero y molesto. Pasan a formar parte del problema, no de la solución y nos hacen sufrir en exceso.
Puede ser necesario pedir ayuda psicológica:
Si los problemas permanecen sin resolver o se acumulan en el tiempo, si tenemos sobrecarga de trabajo…; y más aún, si los periodos de descanso y recuperación son demasiado cortos, el organismo queda sobreexcitado y comienza a producirse lo que llamamos comúnmente “estrés”.
Si sentimos miedos del tipo: fobias a insectos u otros animales, miedo y crisis de angustia en lugares cerrados o públicos; miedo a salir solo o estar solo, ansiedad ante la posibilidad de padecer alguna enfermedad, desmayo, crisis o muerte repentina, angustia ante la posibilidad de viajar o utilizar algún transporte (metro, autobus, tren, avión…), etc.
Si tenemos obsesiones y preocupaciones excesivas que afectan a nuestra estabilidad emocional, a las relaciones con otros y a la realización de las actividades cotidianas; como por ejemplo: sobre el orden, el dinero, la suciedad, la contaminación…. O miedo excesivo a contraer enfermedades, a hacer daño a otros o a uno mismo. O ideas recurrentes e incontrolables sobre la muerte o acontecimientos negativos del pasado o el futuro, miedo a perder el control, etc.



