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Neurociencia y esquizofrenia

26 de Mayo de 2010
Publicado por Carmen Loureiro Rey | 1 comentarioComentarios

La neurociencia está de moda, nunca se había producido en la historia una conexión tan directa entre los hallazgos neurocientíficos y la población. A través de todos los medios e internet, nos llegan noticias sobre el funcionamiento del cerebro y sus implicaciones. El impresionante desarrollo de las técnicas de neuroimagen, desde la aplicación de los primeros rayos X en los años 70, pasando por la tomografía axial computarizada (TAC), las imágenes de resonancia magnética (IRM) con mayor capacidad de resolución, y acabando con la morfometría basada en el Vóxel (imágenes de resonancia magnética estructural en tres dimensiones),  explica en gran medida el boom. Las técnicas nos permiten ”ver” en directo y constatar de forma “directa” lo qué está pasando en el cerebro de las personas o de los animales cuando están en reposo o realizando alguna actividad. Una imagen vale más que mil palabras ¿no? Antes, se podía especular acerca de si tal cosa activaba un área u otra, ahora lo “observamos”.

Gracias a la neuroimagen e investigación, hoy sabemos que personas con esquizofrenia que han sido estudiadas y comparadas con otras que no presentaban diagnóstico psiquiátrico, muestran principalmente: un ensanchamiento de los ventrículos; una disminución del volumen en el complejo amígdala-hipocampo-otras estructuras límbicas; una hipo o hiper-actividad en los ganglios basales; una disminución de volumen del giro temporal superior y alteraciones en el cuerpo calloso; además de una marcada hipofrontalidad (región prefrontal dorsolateral, implicada en la planificación y también en la conciencia de sí mismo y de la enfermedad).

Pero a estos datos, se añaden otros de impacto especial sobre la población por su naturaleza: en septiembre de 2001, unos investigadores de UCLA mostraron al mundo las primeras imágenes que mostraban los “efectos devastadores del desarrollo de la enfermedad” en adolescentes con diagnóstico de esquizofrenia en inicio temprano (se estima que una de 40.000 personas la padecen). Se cartografió sus cerebros en los años de desarrollo desde el inicio de la pubertad, demostrándose una onda dinámica de pérdida de tejido gris, como un “incendio forestal” que destruye tejidos a medida que la enfermedad avanzaba. La pérdida de materia gris se iniciaba con más del 10% al principio en el lóbulo parietal y se va extendiendo a todo el cerebro en cinco años (alcanzando hasta una pérdida del 20% de sustancia gris). Se comprobó que a mayor pérdida, mayor gravedad o empeoramiento en los síntomas psicóticos y depresión.

Impactante: el cerebro de los esquizofrénicos sufre cambios, no sólo en el funcionamiento de los circuitos neuronales, como sucede en la depresión, sino también cambios en su arquitectura. Las conclusiones para algunos están claras: La esquizofrenia produce una reducción del volumen de la corteza, marcando diferencias estructurales con cerebros sanos; el deterioro cognitivo queda explicado; la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro y el objetivo es “curarlo” con psicofármacos. Todavía hay más: la prevención es posible, es una “clave”: proporcionemos psicofármacos a los niños “vulnerables” para evitar la esquizofrenia en el mundo.

Con mi máximo respeto a todos aquellos que se preocupan por combatir esta grave alteración psicológico-social y buscan remedio en la química farmacológica, creo que sería necesario también expresar públicamente con más ahínco lo que multitud de datos científicos avalan también hasta el momento. Que una de las principales características del cerebro sea su plasticidad y que la arquitectura neuronal se desarrolla en función de la naturaleza de las interacciones sociales también se puede “ver”. Para empezar ya sabemos que:

  • El cerebro está en constante desarrollo hasta la juventud y los primeros años son “vitales” ya que se constituyen las primeras redes neuronales a partir del contacto social (el cerebro se “alimenta” y se organiza funcional y estructuralmente como resultado de los cuidados físicos, las caricias y el mecimiento, las respuestas empáticas contingentes a las llamadas del niño y el intercambio emocional positivo).
  • El contacto físico y mecimiento tiene relación con la estimulación vestibular y el desarrollo del cerebelo (producción de noradrenalina y dopamina). Hay que recordar aquí que el cerebelo es menor en niños abandonados, maltratados o sometidos a fuerte estrés, (también, casualmente, se halla lo mismo en personas con esquizofrenia).
  • La imposibilidad de construir un apego afectivo seguro provoca una menor concentración de transmisores en la zona del hipocampo (central de la memoria y el aprendizaje). la falta de sincronía y sintonía emocional con el niño se ha relacionado con el desequilibrio en la producción de cortisol, lo que afecta a la maduración del hipocampo y a los procesos de memoria (el hipocampo es menor en aquellos que han sufrido experiencias traumáticas en la infancia).
  • La separación está mediada por las benzodiacepinas en la amígdala; los encuentros y el apego por las endorfinas.
  • El desarrollo normal implica una pérdida del 10% de sustancia gris entre los 12 y 20 años; un crecimiento del cerebelo hasta los 22 años; y es absolutamente “normal” una “caída emocional” durante los años de adolescencia (hasta un 50% más que los adultos o niños de sentimientos de verguenza, miedo e inseguridad, más confusión de identidad) debido a la transición más o menos brutal que conlleve el paso a la vida adulta. Recordemos aquí, que la dolescencia es fase crítica en el inicio de la esquizofrenia.

Me pregunto si estos datos no son suficientes para plantearse una prevención desde la educación y creación de redes sociales seguras para los niños, antes de plantearse experimentar físicamente con sus cerebros para “ver” qué pasa. En el estudio de la esquizofrenia hemos pasado de la madre “esquizofrenógena” a negar la importancia del núcleo familiar, consolándonos con creer que la enfermedad está “dentro” del cerebro, es del cerebro y la biología, por tanto, tiene la culpa. ¡Menos mal que las empresas farmaceúticas están ahí para echarnos una mano!

Una imagen es indiscutible, sí, pero aunque a muchos no les guste, además de mirar dentro, conviene mirar lo que pasa fuera, (de paso interpretar la interacción) y recordar que la infancia de la gran mayoría de las personas con esquizofrenia es tremendamente infeliz y que el cerebro se construye a base de confiar/desconfiar en los demás.

Literatura recomendada:

-Modelos de Locura, de Read, Mosher y Bentall (2004). En la editorial Herder Barcelona, 2006. (Para los interesados en conocer si la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro o qué es…)

Debate en Nexo: Entrenamiento de la expresión emocional básica en trastornos psicológicos graves

12 de Mayo de 2010
Publicado por Carmen Loureiro Rey | Sin comentariosComentarios

El pásado viernes se celebró en Nexo un debate sobre la relevancia del entrenamiento en expresión emocional básica para personas que padecen trastorno psicológico grave, centrándonos especialmente en los casos de esquizofrenia, invitando como conferenciante a la psicóloga Sara Lafuente, directora de varios recursos de rehabilitación psicosocial, de la Fundación Manantial.

En el encuentro, se expuso el último trabajo presentado por Lafuente y Loureiro en el último Congreso Mundial de Rehabilitación Psicosocial, celebrado en Bangalore en noviembre de 2009 y que será publicado próximamente en un especial dedicado a tal congreso en International Journal of Mental Health. Este trabajo discute la eficacia de los entrenamientos en competencia social basados en los programas de Liberman y plantea como clave para el desarrollo de tales competencias, el reconocimiento, expresión de emociones y la empatía como base organizadora y moduladora del aprendizaje de las habilidades sociales.

Una de las cuestiones que se discutieron tiene que ver con los niveles de desarrollo de las habilidades sociales. Aunque los aspectos no verbales y emocionales de la conducta social están lógicamente presentes en cualquier objetivo de entrenamiento, en la práctica, la intervención se centra habitualmente en el intento de desarrollar estrategias verbales, principalmente. Pero ajustarse a un contexto social y a un interlocutor determinado, y conseguir, a su vez el logro de objetivos, sólo es posible en la medida que la persona es capaz de discriminar las claves situacionales y expresivas de los interlocutores, así como de organizarse en función de los propios deseos y objetivos, lo que supone una madurez en la autorregulación emocional. La competencia social y emocional son inseparables, y su desarrollo evolutivo así lo demuestra. 

La baja capacidad de respuesta emocional, la apatía, la anhedonia y el aislamiento social, son características de las personas que padecen esquizofrenia, pero el interés por el estudio de la competencia emocional en los trastornos psicológicos graves es relativamente reciente y todavía es una incógnita el papel que las emociones cumplen en la etiología, así como los posibles efectos específicos en la evolución del trastorno. Teniendo en cuenta que cada emoción cumple una función distinta y clave para la vida, consideramos que es fundamental averiguar con qué tipo de experiencia emocional se encuentran más problemas en los trastornos psicológicos graves y en qué nivel: detección, reconocimiento e interpretación de la emociones ajenas y/o contacto con la propia experiencia emcional, su sentimiento y expresión.

Algunos estudios arrojan luz en este sentido, mostrando que las personas que padecen esquizofrenia tienen más dificultades que las personas sanas para interpretar la emociones en general (véase revisión de Mandal y cols, 1998).  Más concretamente, las dificultades parece que se centran en el reconocimiento de la verguenza y el miedo (Dougherty y cols, 1974); del enfado (Mandal y cols, 1985) o de la tristeza (cuando también se trataba de identificar la voz), (Edwards y cols, 2001). En lo que respecta a la expresión, se han encontrado dificultades para expresar enfado y tristeza (Thornton y Exline, 1976).

En el debate se presentó los primeros resultados de la aplicación del Entrenamiento Natural, una herramienta terapéutica para el desarrollo de la expresión emocional y de la empatía, como base de cualquier entrenamiento posterior en habilidades sociales. Recibe ese nombre por tratar de replicar el desarrollo ontogenético de las competencias emocionales y sociales. Se basa en los últimos estudios sobre imitación relacionados con las neuronas espejo y los avances respecto a la representación corporal de las emociones de Damasio. En este entrenamiento se concede especial importancia a la habilidad expresiva y empática de los profesionales y al uso de una metodología basada en el juego para crear contextos de aprendizaje relajados, así como al papel de la imitación y sincronía a través del uso de de técnicas teatrales basadas en la expresión corporal y el uso de la voz.

Damasio, A. (2003): Looking for Spinoza. Edición española: En busca de Spinoza. Barcelona: Crítica, 2005.

Eisenberg, N & Strayer, J. (1987): Empathy and its development. Edición española, La Empatía y su desarrollo. Bilbao: Desclee De Brouver, 1992. 

Mandal, M. & cols (1998): Facial expressions of emotions and schizophrenia: A review. Sch. Bul. 243: 99-110

Rizzolati, G. & Craighero, L. (2004): The mirror-neuron system. Annual Review of Neuroscience 27, 169-192.

 
 
 

 

 

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