Desde sus orígenes, la Psicología, en su proceso de construcción como disciplina científica, se ha esforzado en la imprescindible tarea de expulsar las supuestas causas internas como presuntas explicaciones del comportamiento de los seres vivos.

Para entender la relevancia del asunto y por tanto del empeño por evitar a toda costa las explicaciones mentalistas, emplearé un ejemplo extraido de otra ciencia alejada de la Psicología, la Física. Imaginemos en qué se hubiera convertido esta última en su proceso de construcción científica si para explicar, pongamos por caso, la velocidad, hubiese considerado que ésta es una propiedad interna de los objetos. La velocidad sería entonces una propiedad de los objetos y, en consecuencia, para estudiarla habría que realizar una exploración “interna” de los mismos en movimiento. Con este planteamiento muy probablemente el Hombre jamás hubiera llegado Distancia y tiempoa la Luna.

Por el contrario, la Física considera la velocidad una relación entre dos dimensiones físcas, distancia y tiempo. La velocidad es una relación funcional en la que la distancia recorrida es función del tiempo transcurrido.

Velocidad, relación funcionalEsta definición operativa del fenómeno pemite el estudio de todas aquellas variables que lo afectan (rozamiento, masa,…) y, gracias al conocimiento que genera, predecirlo y moThordikedificarlo.

Volviendo a la Psicología, me parece de justicia reconocer el trabajo de Edward Lee Thorndike como uno de los pioneros en la tarea de desembarazarse de los planteamientos mentalistas para estudiar, en este caso, la inteligencia animal. Su iniciativa de emplear los métodos usados en las ciencias exactas al estudio de la inteligencia animal, haciendo énfasis en el tratamiento cuantitativo de la información, resultó tremendamente fructífera. A él debemos que la Psicología abandonara métodos de recogida de datos como el informe de anécdotas aisladas a favor de la observación experimental sistemática, la intronspección por la descripción operativa, o la impresión subjetiva por datos numéricos.

Su publicación “Animal intelligence: an experimental study of the associative process in animal”Animal intelligence, en 1898 cuando tenía tan sólo 23 años de edad, estimuló una oleada de críticas debido a lo revolucionario de sus planteamientos para la época que le tocó vivir. No obstante, sus estudios fueron la base para los trabajos teóricos y de investigación dEjecución en la Caja-problema de Throndikee muchos otros. Mostrando, al mismo tiempo, el primer proceso cuantitativo en la Ciencia de la Conducta: la típica gráfica de aprendizaje.

Mucho ha llovido desde entonces en el estudio del comportamiento, sin embargo aun persisten las explicaciones mentalistas, hoy revestidas de cientificidad por enfoques cerebrocentristas que utilizan equivocadamente los conocimientos procedentes de la Neurología. En una interesante estrategia de mercadotecnia, la mente ha sido sustituida por el cerebro haciendo parecer más riguroso el enfoque a ojos del profano. La presencia de este tipo de planteamientos es reforzada con más frecuencia de la deseable por  presuntos expertos en la materia en los medios de comunicación. Muchos se animan hoy día a dar pseudoexplicaciones del comportamiento humano basándose en la neurociencia. Es como si (perdón por la comparación) el hardware de un ordenador pudiera explicar el software.

Otros han dado cuenta mejor de lo que yo pudiera hacerlo del grave error que esto supone. Probablemente uno de los mejores referentes al respecto en nuestro pais es el catedrático de Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo Marino Pérez. En variMarino Perez Alvarezas de sus publicaciones argumenta sólidamente al respecto, valga ésta como ejemplo.

Para los que nos dedicamos al ejercicio de la Psicología Clínica, no es un asunto meramente académico, su relevancia va mucho más allá. Es preocupante la frecuencia con las que las personas con problemas de conducta atribuyen el origen de los mismos a algo que falla en su interior, enrareciendo la relación consigo mismo. Los presuntos fallos internos son variopintos, según el gusto del consumidor, desde un neurotransmisor que sospechan que pueda estar averiado, pasando por supuestas energías que no fluyen como debieran, hasta llegar a alguna pulsión atravesada y, como no, todo ello entremezclado en un intento de hacer posible lo que desde su origen estuvo mal planteado.

Como decía, este asunto de las causas internas del comportamiento no sería más que un entretenimiento sin fundamento, si no fuera porque supone un auténtico escollo de cara a solucionar el problema que motiva la petición de ayuda psicológica. De hecho, en muchas ocasiones, el principal problema es precisamente la localización erronea del problema. Como es fácil entender, poner el foco en la búsqueda de la causa interna hace que pasen desapercibidos para la persona y sus allegados las relaciones funcionales pasadas y actuales que están en el origen y mantenimiento, respectivamente, de la conducta problemática. En una especie de desconexión con su historia de aprendizaje, es decir, del modo en que su comportamiento ha ido evolucionando a lo largo del tiempo hasta llegar al momento actual. Generando todo ello una relación patologizante del individuo consigo mismo.

7 Comentarios

  1. Fantástico artículo Francisco
    Un abrazo

  2. ALEJANDRO MARTIN dice:

    Certero artículo Kiko. Muy bien planteado; el ejemplo de la “velocidad” es pedagógico. Interesantes igualmente los enlaces a otras lecturas. No sé yo cómo los psicoanalistas se toman esto de equiparar “eso que hacen” con la pseudociencia. Marino Pérez, claro en sus planteamientos. Y digo yo…. Dentro del mundo académico en España (fuera es otra cosa) …. ¿cuántos psicólogos tendrán claro qué es conducta?, ¿cuántos hablarán de relación funcional?.
    Da gusto leeros. Siempre.

  3. Francisco Cózar dice:

    Miedo me da la respuesta que algunos de nuestro colegas pueden dar a tu preguna de qué es conducta. Gracias por tus comentarios. Un abrazo Alejandro

  4. Excelente y muy didáctico artículo, Francisco, que abre uno de los “melones” más complicados de estos tiempos posmodernos que nos ha tocado vivir y que, en el ámbito del pensamiento científico, como bien describes, están caracterizados por el auge de una inquietante “neurocultura”, supuesto saber multidisciplinar basado en las neurociencias que pretende explicar todo “lo humano” desde un mecanicismo complejo, pero que desconoce otras dimensiones del llamado, no sin cierta soberbia, “homo sapiens sapiens”. En definitiva, tu artículo va al fondo de la epistemología de la Psicología como ciencia de la conducta, y trata de dar respuesta, desde una perspectiva no mecanicista y que tiene en cuenta la interacción entre la conducta y el entorno, de una de las preguntas clásicas de la historia del pensamiento, y que, por citar a los clásicos que todos conocemos utilizados por la pseudociencia psicoanalítica (o psicología hermética) es la misma pregunta que le hizo la Esfinge a Edipo: ¿qué es el hombre?

    Un abrazo,

    Pablo

  5. Francisco Cózar dice:

    Pablo, me alegra que estés tan de acuerdo. Un fuerte abrazo

  6. […] este blog ya hemos escrito varias cosas sobre las bases conceptuales de la Psicología: el Análisis funcional de la conducta, el Mentalismo… y ya hemos hablado de que aunque la […]

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