“Sé lo que sientes, te comprendo, lo acepto y lo tengo en cuenta”.- Stern.

La empatía nunca pasa de moda. Al menos no debería, en tanto se constituye como una competencia personal fundamental para desenvolvernos en nuestro mundo social. Y es que nos hace mucha falta, a todos. Podríamos decir que es la base para el desarrollo moral. Y es que vamos tan tan deprisa por la vida, tan por encima de los minutos, las horas y los días, que se nos está olvidando frenar y mirar fijamente al de al lado.

Si acudimos a la etimología griega “epathón”, encontramos que significa cualidad de sentir dentro. El término empatía, tal y como lo conocemos ahora, fue acuñado originalmente por Titchener en 1909 y, desde entonces, han sido diversos los autores que, desde diferentes enfoques, han tratado de abordar su estudio. Sin pretender entrar en una revisión teórica, lo cierto es que para entender lo que supone empatizar, es necesario tener en cuenta la interacción entre la persona, con sus habilidades y su historia de aprendizaje; y la situación en la que se encuentra.

 

Ponerse en el lugar del otro

La empatía es la competencia para comprender y sentir lo que siente otra persona, expresarlo y hacer algo en consecuencia. Implica ponerse en el lugar del otro, descubrir sus necesidades y lo que determina sus sentimientos. Por tanto, en esta tarea entran en juego diferentes habilidades: observación, atención, escucha activa, expresión de emociones, conductas de ayuda…

Empatizar es entender que hay detrás de lo que siente y lo que hace una persona.

 

Nuestra mayor o menor capacidad para regularnos emocionalmente, es decir, el aprendizaje que hemos llevado a cabo desde nuestra infancia a la hora de identificar y expresar lo que sentimos, va a favorecer en mayor o menor medida nuestra habilidad para practicar la empatía.empatia_4_opt

Por otro lado, nuestro estado emocional de partida también puede facilitarnos la tarea de comprender a los demás. Siempre será más fácil hacerlo cuando nos encontremos en sintonía emocional con el otro, frente a cuando estemos sintiendo una emoción contraria. Por ejemplo, nos será más fácil entender y consolar a nuestro amigo, que acaba de romper con su pareja y se encuentra muy decaído, si nosotros recientemente también hemos pasado por una ruptura de pareja y nos sentimos aun tristes. Pero, aunque no fuera así y nosotros gozáramos de una relación plena de pareja, seguiría siendo posible empatizar con él.

 

Es común relacionar la empatía únicamente con el ejercicio de reconocer y comprender las emociones denominadas “negativas” (tristeza, enfado, desesperación, angustia, decepción…). Cuando las sentimos, la conducta empática es especialmente adaptativa debido a que estas emociones, entre otras,  tienen la función de probabilizar la conducta de ayuda por parte de los demás. Pero la tarea de ser empáticos se extiende a todo el abanico emocional existente, lo que incluye también a las emociones positivas (alegría, entusiasmo, alivio, esperanza, tranquilidad…). Basta con que te pares a recordar la reacción de alguien muy cercano a quien le hayas contado una buena noticia personal. Si emitió una respuesta empática, seguro que fue de alegría, en sintonía con tu estado.

Lo que no se debe dejar de tener presente es que tan importante como empatizar con los demás es saber hacerlo con uno mismo. Esto implica saber identificar qué emociones estamos sintiendo y relacionarlas con los acontecimientos de nuestra vida. La información que nos dan nuestras emociones es fundamental para poder movernos más adaptativamente por nuestro entorno. Además, entender su procedencia, es decir, la situación que las ha desencadenado, nos va a permitir aceptarlas y ser justos con nosotros mismos.

La realidad es que, de los numerosos beneficios que supone ser empáticos, la ventaja por excelencia es posibilitar relaciones sociales más profundas y valiosas. Difícilmente estableceremos relaciones de calidad si no somos capaces de mostrar al otro que le comprendemos y le acompañamos. Y es que, si desde nuestra infancia ciertas conductas sociales han adquirido un valor reforzante, pocas cosas habrá más gratificantes que disfrutar de la compañía, la comprensión y el afecto de los demás. Llevada a cabo de una manera adecuada, la empatía es una práctica beneficiosa y gratificante tanto para el emisor como para el receptor.

 

Algunos problemas por falta de empatía

Desafortunadamente, en algunos contextos y situaciones de la vida cotidiana nos encontramos con frecuencia una falta de empatía por parte del entorno.empatia_2_opt

Nos sentimos realmente mal cuando no somos reconocidos por los otros; cuando realizamos un esfuerzo y pasa desapercibido; cuando tenemos un buen día y no podemos compartirlo con alguien; cuando nos sentimos tristes y no se valida nuestra emoción.

No es de extrañar porque muchas de las fuentes de insatisfacción en el entorno laboral¸ por ejemplo, se deben a malas relaciones a nivel interpersonal, en las que la empatía brilla por su ausencia; o a la falta de reconocimiento por parte de los superiores, sea de un modo u otro. La realidad es que diversos estudios en el ámbito de las organizaciones ponen de manifiesto cómo son considerados mejores líderes aquellos que muestran más conductas empáticas con sus empleados. La capacidad empática favorece la comunicación con los empleados y un buen clima emocional, lo que mejora su rendimiento. De momento, las ventajas en cuanto a su puesta en marcha están claras.

En el ámbito escolar también tenemos muestras del daño que puede provocar la falta de empatía: el acoso escolar. Niños y niñas que hacen duro el día a día a otros compañeros, hasta el punto que, algunos, acaban odiando acudir a la escuela. Es especialmente necesario que desde casa y desde la escuela se trabaje de manera coordinada para educar en valores y favorecer la aceptación de todos los compañeros. Es cuando somos pequeños cuando se establecen las primeras bases del desarrollo moral, que acabará guiando en parte nuestro comportamiento a lo largo de la vida. La empatía crea conciencia social.

Igualmente, a nivel cotidiano encontramos que numerosos conflictos interpersonales se deben a este mismo problema. Empatizar supone tener habilidad para gestionar mis emociones y las del otro y, en la medida en que no sepa hacerlo, difícilmente podré comunicarme funcionalmente con los demás, lo que puede incrementar el desacuerdo y los enfrentamientos.

 

Si quieres:empatia_3_opt

  • conocer más y entender mejor a la gente que te importa
  • establecer relaciones (de cualquier tipo) duraderas
  • mejorar tu autoestima, o la de los demás
  • favorecer tu conciencia social
  • disfrutar más y mejor de la energía de (todas) las emociones

…entonces, practica la empatía porque, además:

“La gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo le haces sentir”.- Maya Angelou

 

Fernández-Pinto, I., López-Pérez, B., Márquez, M. (2008). Empatía: Medidas, teorías y aplicaciones en revisión. Universidad Autónoma de Madrid, vol. 24, pags. 284-298.

4 Comentarios

  1. javier dice:

    felicitaciones por tan buen articulo, realmente necesitamos aprender a mejorar nuestro mundo interno para asi mejorar nuestra conviviencia con los demás, me quedo sorprendido de ver como las personas entre más estudios y titulos tienen son más antipaticos, que dificil es establecer relaciones de amistad.

    • Marina Bazaga dice:

      Muchas gracias Javier, verdaderamente supone hacer un esfuerzo, todos sabemos que no es una tarea sencilla, pero no dudamos de su importancia ni de las grandes ventajas que aporta, sobretodo en lo que se refiere a conocer más a las personas que nos rodean y “quererlas” bien, aunque sean personas con las que interactuamos diariamente, no a nivel profundo. No debemos dejar de tener esto en cuenta, y tratar de situarnos en el “tú-a-tú” a la hora de tratar con los demás, independientemente de nuestra “posición” o el contexto. Se puede hacer mucho con muy poco, afortunadamente. Un saludo.

  2. […] Link directo al artículo: Sobre tus zapatos: el poder de la empatía. […]

  3. […] por esa muerte, de forma que no aumentemos su dolor innecesariamente y esto se consigue mediante la empatía con el que se queda, ponernos en su lugar y pensar que no nos gustaría escuchar en esa […]

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